Hacia la Cultura del Regalo III

Actualizado: 6 de ago de 2019

Estoy descubriendo cuál es el regalo de la vida. ¡Estamos en realidad! Espero poder hablar de esto coherentemente, porque tiene mucho de locura sagrada. Lo mejor de todo es que no tiene que ver con mejorarse como persona, o convencerse de confiar más en la vida.


¿Ganarse la vida o la vida es un regalo?


Muchas veces he dicho que “ganarse la vida” es una creencia cultural, y no necesariamente una verdad de la vida. Sin embargo, al ser una creencia adoptada por el alma humana, es una potente generadora de realidades externas, incluyendo todas nuestras instituciones económicas como el dinero, todas las cuales reflejan esa y otras creencias internas (fundamentalmente la concepción separada de la vida).


El regalo se esconde en todo, hasta en la muerte (Foto por Pablo Mardones)

La verdad alternativa que propongo es que la vida es un regalo.

Se puede proponer de distintas maneras.


(1) Una es que “la vida es un regalo” es una verdad divina, pero eso suena a que fuese una verdad superior, escrita por ahí en alguna piedra del antiguo testamento. Es decir, una verdad externa en la que habría que creer. Pero la única verdad es interna.


(2) Otra manera de proponerla es invitar a conectar con este aspecto esencial del regalo que está presente en todo lo universal de la vida. Un gran ejemplo es el Sol, gran regalador de luz, calor y energía vital. Otro ejemplo más cercano es el buen amigo árbol de limones, siempre dispuesto a regalar una enormidad de limones siempre superior en número al que puedes compartir con familia y amigos. Otro ejemplo precioso es una vertiente de agua regalando su pureza. En fin.


(3) Todavía hay otra manera de proponerla. Simplemente considerarla una creencia más, tan absurda como creer que la vida hay que ganársela. Sin embargo, reconociendo que existe la libertad para creer tu propia creencia. Me gusta esto de empoderarse de tu propia creencia. Total, cualquier creencia siempre va a tener un lado absurdo. Lo bueno es que esa parte de absurdo nos regala (valga la redundancia), la libertad para elegir. No hay mal que por bien no venga. Escondida en cada cosa de la vida siempre hay un regalo, me parece (jaja, ¿es esta última una creencia también?).


Hacia la cultura del regalo


Entonces, lo interesante es que al cambiar esa creencia, perfectamente puede cambiar nuestra economía del intercambio condicional hacia la economía del regalo incondicional. Después de todo, si vemos (descubrimos o decidimos, como sea) el regalo en el mero centro de la vida, ¿por qué el resto de nuestras relaciones económicas tendrían que estas ajenas a esa realidad de regalo incondicional? Esa se convierta en la visión: una economía del regalo incondicional, donde todas nuestras necesidades y talentos se manifiestan, se comparten, se dan y se reciben de regalo. Desde lo sublime hasta la cuenta de la luz. Realmente la distinción entre sublime y mundano desaparece, ¿te das cuenta?


Bueno hasta ahí todo bien. En mi trabajo personal, concluí: voy a regalar. Voy a hacer mi trabajo en la economía del regalo, así dije ya hace algunos años. Por un lado qué honor regalar. Que rico regalar. Total se puede incluir el espíritu del regalo en lo que sea, averigüé.


¿Funciona, la economía del regalo?


Y entonces… bueno resumiendo no funciona tan bien, la economía del regalo. No. De hecho, no funciona nada de bien de acuerdo a nuestras expectativas y nociones. Al punto que llegué a escribir “La decisión sincera de tener mucho dinero”, movido por estar agotado de tener pensamientos sobre la falta de dinero en mi vida. Del punto de vista de nociones culturales, y de sinceras comparaciones, ha sido doloroso muchas veces sentir que el regalar es menos valorado en nuestra cultura que lo institucional. Lo paradojal es que hasta a las actividades alternativas les va mejor si son legitimadas por el sistema patriarcal.


Es cierto, pasé rabia y frustración con esas situaciones. Pero siento que se van aliviando. Mientras más me salgo de los esquemas de lo correcto e incorrecto, la vida se hace un fluir donde el norte es muy claro: ser leal a mi mismo y mi propia visión. Es poderoso y humano. Es un regalo. Y… sorpresivamente voy descubriendo que sí funciona, solo que de una manera muy diferente.

Tal vez fui yo el que me regalé la economía del regalo.


La gran barrera, el gran freno al regalo es sentir que si uno lo abre, no va a ser correspondido. Por ejemplo, al encontrarse con alguien que habita en la historia y contexto de la escasez, y uno le dice “te regalo incondicionalmente”, naturalmente (tal vez) esa persona se va sentir aliviada de no tener que sentirse culpable, y en lugar de corresponder más va a corresponder menos.


¿Por qué se mira así? ¿Por qué yo lo miro así? Porque esa ha sido mi actitud con otras personas que han abierto su generosidad conmigo. He podido ver una parte lastimada adentro de mi deseando tomar de la generosidad de otros. Y si esa generosidad se abre, más se abre mi apetito. Ese apetito es un dolor, solo puede sanarse abriéndolo. Ha de ser el dolor de la separación, de imaginarse viviendo en separado con la responsabilidad (más bien la carga titánica en nuestra sociedad) de sobrevivir. Y ni se hable de proveer abundancia, regalos, gozo para uno mismo y su familia.


Entonces como sociedad uno se apega con esa energía de la culpa, y elegimos mantener las instituciones de la manipulación, del control y del intercambio condicional. A las finales se llama comercio, donde por lo menos nos ponemos de acuerdo para que la manipulación y las condiciones sean consensuadas.


Pero tampoco quedamos satisfechos con una economía del regalo que sea semi-condicional. Yo por lo menos, no disfruto para nada el tener expectativas, de hecho me hace sufrir. Ese estar “controlando un poquito” para que la otra persona me regale más dinero a cambio de mi trabajo.

El chiste es que al abrir el dar se abre el recibir. Y al abrir el recibir se abre el dar.

El regalo que ya es, es incondicional. Humanamente, nos estamos encontrando con él. Humanamente, es decir, cada quien siendo tal y como es, ser humano. De otra manera nunca estaremos satisfechos porque nuestra gratitud nunca sería plena si el regalo de la vida no fuera pleno.


Si nuestra vida fuera otra cosa que un regalo sin condiciones; si el sol brillara a medias, con un brillo mediocre… Es decir, mientras haya duda de que el regalo de la vida sea regalo de verdad, nuestra propia felicidad dependerá de circunstancias externas. Nunca nos encontraríamos con nuestro poder.


Jamás estaríamos satisfechos con algo menos que la plenitud, con un regalo condicional. Así como vemos el regalo de la vida, así es nuestra economía del regalo.



Si uno terminara, después de todo, creyendo-decidiendo-sabiendo que la vida es un regalo, ¿entonces cuál es el regalo de la vida?

Para mí, el más grande regalo de la vida es que todo está unido.

Yo siento que la única economía sustentable es la economía del regalo incondicional, economía que convive aquí y ahora en plena armonía, en unicidad con todas las condiciones y los miedos e instituciones de la economía patriarcal. Existe un espacio, por ejemplo, donde cobrar es regalo. Y esto, después de decirlo, lo empiezo a descubrir todavía más profundamente.


A veces, tal vez, uno regala cuando pide un regalo. Ahora mismo quiero pedir un regalo de dinero a queridos amigos de mi juventud y ofrecerles una conversación teatral sicomágica en Chile con mi partner Diego: “El diálogo entre la economía y el corazón”. Pedir dinero que es emblema, que es decir: hey tengo algo que de verdad quiero sea un regalo para ti. Por eso te pido dinero, por eso te cobro. Para poder verlo, que yo lo vea y tu lo veas. El regalo que es para mi sea por ende un regalo para ti pues estamos unidos.

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El regalo de cobrar


Siento, como otras veces, que lo que digo sobre el regalo y cobrar (que es posible el regalo en el cobrar) lo voy a entender más una vez que lo haga. Es un entendimiento emocional que ocurre. Es investigar con el corazón. ¿Cómo, de qué manera, el cobrar deja de ser una condición y una manipulación de querer algo del otro? No lo sé plenamente todavía, pero lo sabré.


No me gustaría que se piense que "todo está bien" con cobrar de manera simplona: sin una muerte, sin una deconstrucción. No es la exigencia de adaptación a la sociedad la que me interesa interpretar (ni tampoco la excusa del sentirse merecedor).


Lo que ya sé es que la economía del regalo es posible aquí y ahora con todas las circunstancias externas tal y como son, sin depender de nada externo. También sé que no hay un tema de alcanzar el regalo incondicional a través de mejorarse a uno mismo, "alcanzando mayor virtud". Sino que más bien se abre el regalo en la unicidad con todo y en el ser humano tal y como uno es, siendo leal a uno mismo. Tal y como uno es: necesitando seguridad, necesitando condiciones. Por ejemplo, con apego a la institución social de la expectativa: el esperar algo a cambio de lo que uno da. Incluyendo todo lo humano, todo aquello, ese ha de ser el camino.


Hay un regalo escondido en todo.