jueves, 6 de octubre de 2016

LA DANZA DE VICENTE Y ALICIA (Parte I)

Acompáñenme en esta historia. Una historia que se puede leer de varias maneras. Desde la economía interna hacia la externa. Desde lo que yo llamo la Microeconomía: la economía de nuestra propia casa, la economía de lo cercano e inmediato. Y desde lo que llamo la Macroeconomía: la economía global de nuestra gran casa Pachamama y cómo cuidamos de ella.

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Alicia Abundancia es una mujer hermosa, tan hermosa que se sabe hermosa. Como si fuera flor, sus pétalos se abren con tanto amor, se extienden libres, que jamás aceptaría que alguien la amarre, o la encierre, o la restringa. Lo que algunos confundirían con vanidad, es en realidad un profundo amor a sí misma. Sólo a causa de este amor primario a si misma, le es innato entregar muchísimo amor a todos quienes la conozcan, y lo que más quiere es amar a un otro. No necesita gratitud ni que dignifiquen la entrega de su amor, Alicia sólo quiere dar más y más. Esa es su pasión, permanentemente enamorada.

Esta mujer siempre va a dar lo mejor a sus seres queridos, amigos, a la vida misma. Sin importar cuánto dinero tenga, o cuántos alimentos tenga almacenados, siempre ofrecerá lo mejor y todo lo que tiene a quienes la visiten. Querrá que sus hijos estén bien vestidos, y si cabe duda de que alguna ropita no esté completamente limpia, sin titubear la agregará al canasto de la ropa sucia.

¡Que suerte conocer a Alicia! Ojalá Uds. también la conozcan de cerca porque ella pues lo único que hace es darte, y darte, y darte lo mejor. Si ella fuera a invitarte a comer, te invitaría al mejor restaurante de Paris. Si de casualidad pasas por su casa, apenas conociéndola ese día, y ella tuviera guardadas dos barras de chocolate, una de marca industrial y otra artesanal hecha en Bélgica, ¿cuál crees que te va ofrecer? Estamos hablando de Alicia Abundancia.

Alicia no permitiría, por amor propio y amor a la vida, tener en su cocina platos que no estén completamente en buen estado. Ni un refrigerador que no funcione al 100 o que no honre con belleza y pulcritud el espacio. Ella por naturaleza se deshace de esas cosas, y luego sencillamente consigue nuevas. Sólo conseguiría algo usado en caso que el uso anterior sea un uso que agrega valor al objeto (en lugar de sustraerlo). Por ejemplo un objeto que ha sido honrado por una historia digna, cuidadosa, y que aunque se note los años en su superficie, lo que emana es una belleza mucho más profunda y más sutil que la de un objeto nuevo.

Alicia ha escuchado hablar de los problemas ambientales, y por supuesto es consciente de que su refrigerador se hace obsoleto rápidamente, no como antaño. Y que al deshacerse de él, el reciclaje de sus piezas será en el mejor de los casos parcial. Y que la elaboración de un refrigerador nuevo es de por si destructiva, desde la fuente misma de los materiales en explotaciones mineras, uso de químicos en el proceso, trabajadores que no pueden amar un trabajo que no es el llamado de su alma, multiplicidad de transportes emisores de gases, etc., etc., etc. Sin embargo, su inclinación innata será a honrar su vida, su casa y su familia, sus amistades y visitas, con un refrigerador en perfectas condiciones. Alicia sabe en su corazón, en sus entrañas, que el espíritu de la vida es abundancia, es apertura, es generosidad. No es restricción. Intuye que la fuerza de la vida se encarga de todo, no está en su naturaleza hacer ecuaciones sobre cada cuánto tiempo es menos dañino reemplazar un refrigerador. Si de plano tendrá que ser reemplazado, ¿qué significado puede tener, a nivel cósmico, que un refrigerador sea reemplazado en 5 o en 100 años? Mirado desde una estrella vecina, eso es completamente irrelevante.

Alicia es muy querida, famosa incluso. Uffff tantas gentes que andan desesperadas tratando de acercarse a ella, pero lo que no saben es que para acercarse tienen que ser así, igual que ella o parecido a ella.

Su prima Elsa Abundancia siempre quiso ser como Alicia. Pero Elsa estudió demasiados años y se le metió en la cabeza que para dar hay que exigir recibir. Le dijeron en la escuela que eso era una ley del universo, y que por tanto debe exigirse su cumplimiento igual que con todas las otras leyes y normas de control de la nación. Elsa quería dar con el mismo amor que admiraba y envidiaba en Alicia, un amor abundante, maravilloso, y que a todos deleitaba. Sólo que, al momento de dar a una persona, Elsa se aseguraba de que recibiría de ésta algo proporcionalmente valioso, es decir, que cumpliera la ley. Como todo lo que entregaba era apropiadamente pagado, Elsa tenía en su vida todo en orden, y conforme a las normas. Elsa estaba muy bien adaptada al sistema moderno, de hecho era muy exitosa y con el tiempo fue amasando una pequeña fortuna de dinero.

Sin embargo, había algo que se iba perdiendo en lo que Elsa daba, algo sutil, algo del amor inmenso que había en Alicia estaba cada vez menos presente en lo que entregaba Elsa. Elsa se contentaba a sí misma diciéndose: “por algo soy mucho más exitosa que Alicia, seguramente lo estoy haciendo mejor que ella y por eso la vida me recompensa mejor”… Lo que Elsa daba dejó de ser único y especial. Parecía que lo que daba se iba haciendo anónimo, homogéneo y que sin importar a quien se lo diera era cada vez más uniforme y parejo, cada vez más indiferente. El Regalo de Elsa, dejó de ser Flor, dejó de tener la apertura inmensa del vientre de nuestra Madre Cósmica. Le habrán enseñado muchas cosas en la escuela a Elsa, pero lo único que no le enseñaron fue que, como dijo Krishnamurti, “no es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”.

Alicia, por su parte, dicen que nunca fue a la escuela. Yo creo que sí fue, pero lo que enseñaban allí nunca penetró su corazón. La imagino en el aula de clases mirando por la ventana una mariposa revolotear afuera. Nunca le interesó eso de las leyes, ni las leyes de la sociedad humana ni tampoco las supuestas del universo. ¿Cuál ley pudiera importarle a aquella mariposa?

Bueno, ya les he contado bastante sobre Alicia Abundancia, pero todavía ni siquiera he mencionado a su marido, Vicente Suficiente. Se habla menos de Vicente. Como es un personaje poco conocido, ha sido malinterpretado. (Ver Hacia la Cultura del Regalo para una reflexión sobre cómo es posible  confundir la suficiencia con una mentalidad de escasez). Algunos creen que Vicente ni siquiera debería existir en la historia, que con Alicia y su grandeza ya tenemos todo lo que podríamos soñar. Pero fue la propia Alicia la que eligió a Vicente como su amante, como padre de sus hijos. Fue Alicia la que añoró, con todo su corazón, enamorarse de alguien tal cual es Vicente. Vicente y sus sorpresas la terminaron de fascinar hasta entregarse por entera en amor.
Fotografía: Obra de la Coreógrafa Alemana Pina Bausch


Yo creo que Alicia supo escuchar la palabra del alma de Vicente. Esa palabra era un compromiso de paz, una promesa de esperanza. Porque Alicia, que nunca paraba de dar y dar, comenzó a darse cuenta que la mayoría de personas tomaban y tomaban lo que ella daba, pero tomaban sin realmente recibir lo que ella estaba dando. No eran capaces de darse cuenta lo que ella daba. Le empezó a preocupar cómo es que dando más y más y más y todavía más amor, nunca era suficiente, y que en lugar de haber un amor cultivándose y creciendo, lo que crecía en el mundo era el miedo y la separación. Y en consecuencia, estaban los hombres ciegamente destruyendo la vida. Pero en su naturaleza ella no se detenía a “hacer análisis” ni reflexiones. Su naturaleza era confiar en la Vida, y siguió dando, cada vez con más amor.

Si creen que Alicia cometía un error al no hacer cumplir la ley del Dar-Recibir, se equivocan. Ella nunca dejó de recibir. Inmensas y gloriosas oleadas de amor y de fuerza de la vida inundaban su ser desde la Fuente Misma del Universo. Sólo que de una manera más misteriosa, más sutil, más escurridiza, a menudo fuera de los alcances del entendimiento racional humano. Así es, esta ley universal del dar y recibir es cierta, y Alicia siempre lo supo en sus entrañas y no en su mente. Sólo que nunca ha habido necesidad de que el hombre controle esta ley. En el misterio cósmico del amor infinito de la vida no existe ser de la creación que no esté recibiendo algo maravilloso permanentemente.

Por lo demás, Alicia naturalmente y sin esfuerzo generaba el amor hacia los demás desde el amor a sí misma, es decir, desde su apertura innata a recibir. Entonces ¿quien podría acusarla de no saber recibir? Solamente quienes fueron muchos años a la escuela, programados a controlar leyes y normas, programados a ver “resultados concretos”. Donde la noción de concreto siempre dejó afuera el espíritu escurridizo y misterioso, la vitalidad impermanente de la vida.

Y sí, humana como era ella también dudó alguna vez. Se sintió incompleta, se sintió que tal vez estaba haciendo algo equivocado pues habían tantos que la criticaban. Cuando se estaba cansando se encontró con Vicente. Todo el amor que ella tenía por si misma, no tuvo comparación alguna con el amor que recibió de Vicente. Entonces descansó. Entonces se extasió de amor.

Vicente es por cierto un buen hombre que ha estado entrenándose para dar lo mejor de sí, que ha andado por siglos por la vida buscando la belleza del amor infinito femenino. Descubrió en su andar, que para ser hombre había que aprender a no quejarse. Fue y buscó con todo su corazón cómo cultivar la paz en su ser. Entendió que la paz está en el aquí y ahora, y decidió que sin importar lo que esté ocurriendo, todo está bien tal y como es. Se dio cuenta que su apuesta era correcta: el frío ya no fue tan frío, el calor ya no fue tanto calor, ya no tuvo tanta hambre, ni tanta sed, ni tanta necesidad humana. Siguió enamorado de lo placentero de la vida, pero ya no desde la queja de que “algo hace falta”, o “hay algo que cambiar”. Su naturaleza es estar contento y pleno con lo que hay. Pero contento de verdad, no así no más por fuera.

Vicente es capaz de agradecer una humilde y sencilla comida compartida en el campo, como si fuera muchísimo mejor que el mejor restaurante de Paris. Porque sabe apreciar ciertos detalles, porque sabe ver más allá. Porque sabe no quejarse, y saber no quejarse es saber apreciar con el corazón. Para él, el aquí y ahora es suficiente tal y como es. Cuando Alicia lo invitó a comer al mejor restaurante de Paris, el fue más bien cautivado por Alicia y el amor que sentía en su invitación, que por la promesa de la comida parisina. No obstante, descubrió que no sólo apreciaba sino que se fascinó con la comida que disfrutaron aquel día. Agradeció profundamente cómo Alicia era capaz de llevar el gozo a aquel lugar de su corazón donde ya había paz. Donde ya nada más se necesitaba pero todavía cabía mucho más amor, mucho más dulzura.

Entonces, Vicente y Alicia se enamoraron apasionadamente. Comenzaron a danzar. Vicente entendió que no tenía que cambiar a Alicia, que su tarea NO era equilibrarla con algo de suficiencia para que no fuera ‘tan abundante’. Alicia entendió de igual forma, que no tenía que enseñar a Vicente a ser más abundante. Entonces aprendieron a danzar. Alicia se hizo más abundante. Al ser amada de tal forma su amor y su capacidad de darse creció en magnitudes insospechadas. Y Vicente se extasió en su amor. Vicente se hizo más suficiente, se llenó de paz y ya nada le hacía en falta. Ni dinero necesitó, ni siquiera para pagar la ropa, las clases de violín y de futbol de sus hijos. Descubrieron que de su danza de amor algo nuevo nacía. Vicente Suficiente ya lo sabía, este secreto inmenso de la vida: no hace falta dinero para vivir. La suma lineal de números definitivamente no tiene nada que ver con el misterio no-lineal de la vida. El misterio que está en el espíritu de la vida también está en los billetes, en las cuentas, en lo que se ocupa para pagar la renta, etc.

Habiendo tanta paz, Alicia quiso ser más abundante todavía, quiso compartir más. Vicente entendió al fin, se entregó y ya no la detuvo. Ahí el amor comenzó, como si nunca antes hubiese existido, y a la vez como si siempre hubiese estado ahí. El tiempo se desvaneció por un instante eterno.

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Un tiempo antes de que aprendieran a danzar, Vicente y Alicia vivieron otras experiencias. Alicia pensaba que todo el amor posible ya existía, no sabía que era posible crear nuevos amores. Pensó entonces, que Vicente tenía que ser abundante como el amor que ella conocía. Le costó entenderlo. Le costó entender que el corazón de Vicente contenía un amor enorme a la vida, a nuestra gran casa Pachamama, y un profundo llamado a hacer todo lo posible por detener la destrucción de la vida y la belleza y por iniciar la urgente restauración. Vicente, en su compromiso con la verdad, no podía eludir la realidad de miseria que vive una enorme cantidad de humanos. No podía eludir la realidad de destrucción de bosques, ríos y mares a nombre del progreso, a nombre de que unos pocos pudiesen gozar cómodamente la abundancia. Vicente se enfrentó dolorosamente a la verdad: abundancia es a menudo equivalente a la destrucción de la vida. Dicho de otra manera, el progreso económico está (en este sistema económico enfermo que vivimos) matemáticamente vinculado a la miseria de muchos seres, y sobre todo vinculado a dejar a nuestros nietos como legado un mundo cada vez más dañado, sucio y maloliente. Su enorme sentido de responsabilidad y compromiso con la verdad lo llevaron a darse cuenta de estas ecuaciones. Por ejemplo, la ecuación donde renovamos nuestro refrigerador cada 5 o 10 años, y sus verdaderas consecuencias. O la ecuación donde realmente nos enfrentamos a qué significa para la Vida, para nuestros hijos y nuestros nietos, este sistema económico de dinero emitido como deuda, obsesionado con el progreso. Enfrentado a la verdad, ¿cómo puede uno cómodamente dedicar su energía humana a generar más dinero, por mucho que disfrutar de la abundancia sea una hermosa promesa? Dinero que aún con las más sinceras y éticas intenciones siempre va a estar ligado a la transformación de la belleza y salud de la vida en fealdad y destrucción (ver Introducción aEconomía Sagrada para ahondar en este tema).

Así, en cada cosa sencilla de la vida. ¿Cómo podía Vicente estar satisfecho lavando la ropa de sus hijos muy seguido, si en su corazón de suficiencia añora usar menos agua, menos electricidad, menos detergente (que por mucho que sea biodegradable de todos modos es dañino), y siente que la ropa un poco sucia no tiene nada de malo? Su corazón de suficiencia, y de amor a la Vida en el planeta, añora MENOS, en lugar de más, de todas estas cosas. Pero todo eso era mirado desde las ecuaciones… Sólo el amor de Alicia pudo recordarle lo que tenía olvidado en su corazón, que el universo nunca podrá contenerse en ecuaciones. Que no existe una salida al laberinto, sino un entregarse al laberinto que desvanece las paredes de toda ecuación. Su responsabilidad con la vida siguió manifestada con o sin ecuaciones. Su sentimiento de querer hacer algo por la vida, se fue haciendo más amor, más paz. Empezó a comprender que no hay nada que cambiar, gracias al amor de Alicia. Y que sin embargo, puede seguir haciendo lo mismo, puede seguir siendo el mismo Vicente Suficiente, con su corazón de suficiencia y con su compromiso con la vida. ¡Qué feliz se puso Alicia cuando Vicente la dejó tranquila lavar toda la ropa, todas las sábanas y toallas y cobijas de la casa en la lavadora! La amó en plenitud. La amó en plenitud cuando pudo estar en plena paz consigo mismo, que es lo que siempre quiso desde el principio. Lo que sea que hay, es suficiente.

Así se la llevaron, Vicente y Alicia, su danza misteriosa de amor. Por varios años vivieron con muy poco o casi nada de dinero, y sin embargo incluso cuando menos dinero tenían siguieron viviendo en Abundancia y Suficiencia. No necesitaban ni adaptarse al sistema (nunca consiguieron un trabajo a sueldo por ejemplo), ni tampoco necesitaban cambiar al sistema. Era perfecto tal y como era.

Y luego vino otra época en que comenzaron a vivir con mucho, muchísimo dinero, que les permitió cumplir todos sus sueños. Viajaron a lugares recónditos como el Templo de la Suficiencia en Kumbaktu, la Pirámide de la Abundancia en Chechelén, y el Árbol del Amor en Ankermein. Tuvieron su casa propia y un gran terreno lleno de árboles y rincones y vida donde sirvieron y compartieron su Abundancia y su Suficiencia y su Danza de Amor con todos los amigos quienes les visitaban. Nutrieron sin límites los sueños inverosímiles de sus hijos. Llegaron a tener tanto dinero que por fin pudieron iniciar todos sus proyectos de restauración de la Belleza de la Vida. Comenzaron por comprar una enorme extensión de tierra para preservar en la Selva Amazónica. Pero ya les contaré más sobre eso en la Parte II de esta historia.

En la Parte III de esta historia, les contaré sobre que pasó cuando el mundo realmente cambió. Aún no sé si hubo en el futuro un dinero diferente, a parte de todo los nuevos amores y nuevos espacios del Ser que nacieron de esta Danza de Alicia y Vicente.

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La abundancia conecta con el disfrutar de la vida, con el sentirse legítimamente merecedor de lo mejor de la vida. Es saber que el amor femenino de la vida no tiene límites. La suficiencia conecta con el estar en paz en el aquí y ahora, tal y como es, libre de toda queja interna, sin necesidad alguna de cambiar nada. En una historia como ésta, abundancia y suficiencia danzan juntas. No se equilibran en una balanza como nuestra mentalidad programada a lo lineal quisiera forzar. Danzan, se aman la una a la otra, se dejan ser en libertad.

En nuestra microeconomía familiar, me siento en paz y a gusto con este matrimonio entre abundancia y suficiencia, donde no hacemos mayores cálculos, dónde no separamos los dineros entre yo y mi mujer, y dónde nunca hemos calculado cuánto dinero necesitamos para vivir como vivimos. Tampoco hemos jamás calculado qué tipo de vida nos alcanza con el dinero que generamos. Simplemente vivimos, libres, sin sueldos hace más de 6 años, y MUCHAS veces parece que no va alcanzar pero siempre alcanzó. En mi casa, las matemáticas financieras masculinas las ocupamos de referencia no más, como quien juega al ajedrez, pero no son una guía ni un determinante en nuestra vida. Es decir, por ejemplo si tenemos $1,000 disponibles, eso por ningún motivo significa que podemos gastar solamente 10 veces 100, o dos veces 500. No suman así las cosas en nuestra casa. Lo digo con toda responsabilidad, con todo mi corazón. Si el universo no es lineal, ¿por qué exigirle linealidad a ese pedacito de universo que es nuestro dinero, nuestras cuentas, nuestra renta?

Lo que si sabemos, es que si adoptamos una mentalidad de escasez, eso es lo que generamos a nuestro alrededor. Si pienso que soy un ser separado que tiene un haber de $1,000 y que si ocupo parte de eso me quedo con menos, pues esa es la realidad que genero. “Si gasto $400 me quedo con $600”: ¡Incluso eso es falso! Si adopto esa mentalidad lo que ocurre es que al ocupar $400, me quedo con unos $300 (y otros 300 se perdieron por ahí quién sabe cómo). Así de poderosa es nuestra mente para generar realidades. Ver El HermosoLaberinto De La Abundancia para ahondar en este tema.

Vicente y Alicia, dancen libremente, aprendan a amarse plenamente, y nuevas realidades puedan nacer.

2 comentarios:

  1. QUE BELLO HERMANO,GRACIAS POR ESTE REGALO,UN GRAN ABRAZO DESDE VENEZUELA!!!

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    1. Oh que alegria tus saludos desde Venezuela!!! Aunque no sepa tu nombre que sepas que tus palabras son muy importantes y agradecidas por mi. Recibe otro abrazo!!

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