La decisión sincera de tener bastante dinero

Actualizado: 12 de mar de 2019

Me gustaría profundamente poder expresar lo que esto significa realmente para mí. Permítame expresar que no es lo que comúnmente se esperaría. No se trata de darme cuenta de que me lo merezco, ni de darse cuenta de que no hay ninguna virtud en la falta de dinero.


Se trata de celebrar el séptimo cumpleaños de mi hijo. Decidir tener bastante dinero.


Decidir tener bastante dinero en unicidad con toda la humanidad. No hay otra manera de hacerlo realmente, honestamente.

Porque la institución del dinero DEBE cambiar. No hay una manera sana y real de relacionarse con el dinero tal y como es ahora.



¿Qué tal si un día me despierto y ya me cansé de tener poco dinero? Qué tal si de mis entrañas digo ya basta: no quiero ni una vez más en mi vida tener ni un solo pensamiento en mi mente relacionado a la falta de dinero. ¡Qué aburrido tener esos pensamientos tantas veces!


Tal vez existe esta decisión interna, integral y holista, del alma, de querer tener bastante dinero. Tal vez al decidirlo ocurra exactamente así. Y por cierto, tal vez no ocurra. Como he argumentado en El hermoso laberinto de la abundancia, existe una abundancia más allá del dinero y las nociones medibles, escondida adentro de lo que parece ser escasez. Tal vez el movimiento siga en esa dirección, hacia la suficiencia y hacia descubrir una nueva concepción de la abundancia.


Entendiendo profundamente el sistema económico, todo indica que nos debiéramos mover en esa dirección (ver Entender el dinero). En pocas palabras, nuestro sistema económico es matemáticamente (y no a causa de la codicia) como el juego de las sillas musicales, donde cada vez más seguido alguien se queda sin silla y las sillas van acumulándose en pocas manos. En este sistema, para tener bastante dinero hay básicamente 2 alternativas: (1) ya lo tienes, en cuyo caso simplemente se reproduce. (2) Ser hábil para extraerlo de otros. En definitiva, extraerlo del regalo de la vida.


Como ya quedan pocas sillas disponibles, poco regalo de la vida que transformar en dinero, de hecho es imposible que todos los seres humanos tengan bastante dinero. Ni siquiera con una (también utópica) redistribución de la riqueza: para mi esto es más una verdad de mi corazón que un cálculo matemático. Por eso que decidir tener bastante dinero es una responsabilidad y es una decisión del alma –del alma humana que somos todos- de salirse de la jaula de lo posible. Sin expectativas, bien puede ser que no ocurra. Sin control: no se trata de que esté yo diseñando la manera en que voy o vamos a hacer dinero. Es una decisión del alma, no de la mente. Y es nuestro derecho divino.


Bajo ninguna circunstancia voy a traicionar mi propio corazón dedicándome a hacer algo diferente a lo que disfruto hacer, con tal de hacer dinero. Si fuera yo a imaginarme, a visualizar cómo voy a hacer bastante dinero con mi trabajo de economía sagrada, lo imagino así: Que pueda yo servir a (y/o de plano recibir el apoyo de) personas o instituciones que sí puedan apoyarme con bastante dinero, permitiendo al mismo tiempo que pueda yo seguir sirviendo a personas cuyas circunstancias son todo lo contrario, y que con toda justicia y legitimidad no tienen chance de retribuir mi trabajo con bastante dinero.


Vale la pena mencionar que esta es la situación que más comúnmente me ocurre (¡nos ocurre!): hago un montón de trabajo y recibo bien poco a cambio (por supuesto trabajo en la economía del regalo). Y no quiero que esto cambie por la fuerza ni por el control, me conecto profundamente con la legitimidad de que así siga siendo.



Cientos de miles de pensamientos, cada día, son así tal cual: de una u otra manera relacionados a la falta de dinero. Relacionados a la restricción de no tenerlo, o a la esperanza de tener mucho. A las cosas que haría si tuviera bastante dinero: ese viaje a la playa, ese viaje a Chile a ver nuestra familias, esa lista de pendientes que en nuestra casa se necesitan. Poder celebrar el cumpleaños de mi hijo y el mío propio en grande, como corresponde, compartiendo en abundancia y con muchos regalos, comprarme ropa nueva (¡qué ganas de comprarme ropa nueva!, gracias Mary Kondo hehe).


Palomas o águilas

Me siento triste y vulnerable de decir esto. Sospecho, a veces, que lo que digo no sea comprendido. Esta mañana al compartirle este sentimiento a un amigo cercano, él me reafirmó rápidamente y con fuerza “sí!! Eso es lo que debes hacer, hasta cuándo padecer la falta de dinero”. Su respuesta fue tan rápida y fuerte, que la verdad no fue tanto un apoyo sino más bien una tristeza para mí. El sentirme incomprendido o enjuiciado tal vez, como si el no tener tanto dinero fuera una falta de mi parte. Por ejemplo la tan famosa falta de merecimiento. No es así.


Existe esa voz agresiva que dice “Una de dos: o tienes bastante dinero, o bien tienes excusas para no tenerlo”. Conozco bien las 2 excusas principales: el no merecimiento, y la ilusión de que es una virtud, un heroísmo, el no tenerlo (es decir, una trampa del ego). Para mí, esta frase no es verdad. Qué mirada más injusta, ignorante e irresponsable ante lo que verdaderamente está pasando en el mundo. No es medida de salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma...



De repente, al expresar a través de estas palabras esta tristeza verdadera, esta responsabilidad profunda, aparece una alegría. Un alivio a toda mi vergüenza. El honor del corazón humano, holista que tengo y tenemos, que incluye a todos los seres humanos y toda la vida. Y una nueva esperanza.


Quiero tanto poder regalar en la vida. Regalar y compartir, sin depender en nada a cambio. Quiero tanto, con tanta fuerza y pasión, el poder sentirme libre para regalar, sin límites. Esta es mi decisión más profunda, que pase esta semana o en 10 años, que sea gracias a tener bastante dinero o que sea de cualquier otra manera que yo no imagine todavía.

Como sea, no lo puedo controlar. Lo que sí está en mi decidir, por derecho divino, es el liberarme de tener pensamientos repetitivos acerca de anhelar tener más dinero.


Seré libre para regalar.


Por eso, por la danza libre de Vicente Suficiente y Alicia Abundancia, que bien puede ser posible. No se trata de equilibrar (el despilfarro de) la abundancia con una medida de suficiencia. Ni tampoco se trata de aliviar (la escasez en) la suficiencia con una medida extra de abundancia. Se trata del misterio que ocurre cuando danzan abundancia y suficiencia en libertad.


Esta es una decisión profunda, una decisión del ser. Que siento poéticamente (donde yace la verdad más verdadera) la tomamos como humanidad, todos juntos. ¿Quieres, por favor, decidirlo junto conmigo?


Acerca de la falta de merecimiento


Es una emoción colectiva, cultural, ocurriendo hoy en día. Un aspecto clave es, sin duda, la tarea más importante que tenemos como humanidad: el recuperar el amor a uno mismo. En el paradigma del ser separado, nuestro mero corazón está dividido entre bondad y maldad, y por tanto vivimos en la desconfianza hacia uno mismo, a menudo agrediéndonos a nosotros mismos. Esa es la tarea primordial: recuperar la escucha de uno mismo, de nuestro propio centro divino. Nos aterra hacerlo porque múltiples veces lo que escuchamos adentro de uno mismo lo etiquetamos de "malo", por tanto en necesidad de reprimir. Todo un mundo, todo un camino.


Pues si parte de mi día a día lo vivo agrediéndome a mi mismo, es consecuencia natural que la imagen de mi mismo no sea la del tesoro único que la vida de cada uno es. Por tanto, bien puedo vivir en el no merecimiento. Y concluir que ésa es la razón por la cual no tengo dinero. Esa forma de razonar es típica del paradigma patriarcal, de lógica lineal separada: existe un problema externo (falta de dinero), encuentro al culpable, o la razón que lo causa, y mediante el uso de la fuerza ejerzo la solución.


Por ejemplo, estoy enfermo de gripa, encuentro al virus, lo elimino. Solucionado. Aplicado a este caso, la razón de la falta de dinero sería el no merecimiento. La solución, darse cuenta, convencerse de que uno sí es merecedor. Aparecen los guías espirituales y las filosofías que tienen autoridad, legitimidad, certificados institucionales, etc., que nos reafirman que eso es lo que hay que hacer: convencerse de que uno sí es merecedor.


Pero, ¿de qué manera se convence uno? ¿Lavándose el cerebro? ¡Sí, lavándose el cerebro! Excelente solución: me repito en mi cerebro cientos de veces que sí soy merecedor hasta que sí me lo crea. ¿verdad que funciona?.


Claro que no. Eso no es libertad. Eso no es sanación. Convencerse a uno mismo de una ideología es lo mismo que autoconvencerse de una religión. ¿Qué es lo que sana entonces? El escucharse a uno mismo, el ser fiel a uno mismo. Y no a ninguna autoridad externa. Fíjense cómo la autoridad patriarcal externa hoy en día se disfraza de ideología espiritual. La ideología espiritual externa siempre tiene como característica que te dice, externamente, qué es lo "bueno" hacer, y qué es lo "malo" hacer. En este caso, lo "bueno" hacer es convencerse de ser merecedor, y para lograr eso siempre hay otra emoción o pensamiento que hay que vencer o reprimir. Es decir, una manifestación más de separación que justamente niega el seguir la guía interna.


Yo pienso que lo que a veces catalogamos como no merecimiento, vergüenza o culpa de tener dinero, ¡es totalmente sano! Si uno entiende honestamente lo que es el sistema económico actual, esos son sentimientos totalmente naturales que emerjan!!!!. Lo sano, lo sincero, es darles permiso, escucharles lo que quieren decir, sin expectativas y sin control. En otras palabras, escucharse a uno mismo, profundamente, más allá de la jaula de lo posible y la lógica lineal. Eso es cambiar nuestro arreglo neuronal: una nueva forma de pensar y percibir.


Palomas o águilas


Libres para regalar. Con o sin dinero. La decisión sincera de tener bastante dinero.